Silvana B. Montanelli

Mi nombre es Silvana. Soy estudiosa y practicante del Dharma, y también voluntaria en el equipo de la EcoSangha.
Hoy quiero compartir algo muy íntimo y a la vez cotidiano: Mi relación con la respiración.
Esa presencia constante, fiel y silenciosa que me acompaña desde el primer instante de vida.

Como bióloga, conocí su anatomía y su fisiología. Y como amante de la Naturaleza, la descubrí en cada ser vivo que se cruzó en mi camino.
Me fascina acercarme a un insecto y compartir con él el aire que respiramos.
Ver cómo su cuerpito se infla y se desinfla me recuerda lo sagrado de este gesto simple.
El aire no es solo sustancia: Es vínculo, es la trama invisible que nos une.

Con el yoga, y en especial al estudiar pranayamas durante mi formación como profesora, aprendí a escuchar la respiración desde otro lugar.
No solo como un fenómeno biológico, sino como una fuente de energía, de conciencia, de sanación.
Descubrí que respirar bien transforma no solo al cuerpo, sino también a la mente, a las emociones y al espíritu.

Desde entonces, los distintos pranayamas se convirtieron en aliados diarios.
Me ayudan a meditar con más profundidad, a calmar la mente antes de una práctica de Metta, a sostener el entrenamiento ético, a cuidar mi energía vital.
Me regalan claridad mental, estabilidad emocional y una energía suave pero firme que me acompaña durante el día.

Cuando me siento cansada, desbordada o dispersa, volver a la respiración me devuelve a lo esencial.
Es un hogar cálido al que siempre puedo regresar.
Una caja de herramientas amorosa, que me contiene y me regula.

Hay días en los que me despierto con ansiedad, con esa opresión difusa en el pecho.
Entonces practico Nadi Shodhana —la respiración alterna— incluso antes de salir de la cama.
Otras veces, cuando por la tarde siento que me falta chispa, hago unas rondas de Bhastrika para activar cuerpo y mente.
Si estoy por meditar y mi mente está agitada, unos minutos de Ujjayi me ayudan a aquietar las aguas.
Y cuando el día fue muy intenso, cerrar la jornada con exhalaciones largas y profundas me reconecta con la calma.

Pero no todo sucede sobre el almohadón o en momentos especiales.
La respiración me acompaña también en lo más simple.

Cuando lavo los platos, inhalo y exhalo con conciencia, como una forma de estar presente.
Cuando barro mi cuarto, coordino el movimiento con el aliento y eso transforma una tarea común en una práctica meditativa.
Cuando ordeno, cocino o camino, respiro sintiendo mis pies en la tierra.
Así, el aire se vuelve guía.
Una guía amorosa que me recuerda que aquí y ahora está todo.

Siento que cada respiración, cada asana o ejercicio, cada alimento consciente son oportunidades para cultivar el camino del Dharma en lo cotidiano.
Respirar es, para mí, una práctica espiritual en sí misma.
Una manera de volver.
De agradecer.
De caminar con atención y ternura el sendero del Dharma.

Respiro y en cada aliento reconozco una oportunidad de volver al presente, de cultivar paz, y de habitar la vida con conciencia.

Reseña Biográfica

 Soy bióloga de formación y trabajé durante muchos años en el ámbito ambiental, enfocada en la conservación de la biodiversidad. Viví quince años dentro de parques nacionales, lo que marcó profundamente mi vínculo con la naturaleza y mi forma de estar en el mundo.

Con el tiempo, ese camino profesional fue entrelazándose con búsquedas más personales y espirituales. Me formé como profesora de yoga y fui incorporando herramientas provenientes del Ayurveda que complementan mi mirada sobre la salud y el bienestar. A lo largo de mi recorrido también fui explorando distintas formas de comprender y armonizar la energía, reconociendo su papel central en nuestra vitalidad y en la calidad de nuestros vínculos, tanto con nosotras mismas como con los demás.

Actualmente soy estudiante del Dharma en el Instituto Budadharma, y estoy comprometida con cultivar una práctica que transforme, que acompañe, que sostenga la vida cotidiana.

Hoy deseo compartir lo que he aprendido y sigo aprendiendo, integrando respiración, presencia y compasión, en sintonía con el cuidado de la tierra y de todos los seres.