Gabriella Unikel

Querida comunidad, les saludo muy contenta de tener la oportunidad de compartirles sobre La Sangha Joven de la Comunidad Dharmadatta.

Durante el retiro en San Luis Potosí, México 2023, Karya nos propuso a las personas más jóvenes del retiro, que nos reuniéramos a charlar sobre nuestras inquietudes, con la idea de que nos mantuviéramos en contacto y creáramos un espacio virtual de intercambio de ideas y experiencias, que nos mantuviera conectades con otras personas que se encuentren en una búsqueda similar a la nuestra; porque si bien, el grupo es muy diverso, las ganas de crecer internamente y profundizar en nuestra práctica del dharma nos une a todes.

El proyecto, desde sus inicios fue autogestivo y horizontal: nosotres debíamos definir cada cuánto queríamos reunirnos, sobre qué queríamos hablar y qué tipo de actividades realizaríamos. Participar en una grupalidad con estas características fue para mí muy revelador, porque éramos desconocides con muchas ganas de crear algo juntes, sin roles específicos que marcaran jerarquías ni tampoco que distribuyeran responsabilidades. Todo espontáneo, fluido y cambiante. Al principio dedicamos gran parte de las reuniones a conocernos a través de dinámicas que creábamos entre nosotres. Las personalidades fueron haciéndose notar de a poco, había quienes impulsaban los encuentros y actividades, quienes organizaban la información logística, personas que se proponían para facilitar las reuniones y desarrollar dinámicas… en fin, fue un espacio muy nutritivo en el que cada quien fue eligiendo desde dónde quería participar.
Desde el primer encuentro las charlas fueron profundas y la sensación de seguridad que creamos entre todes nos permitió sentirnos muy cercanes.
Para mí fue algo único, sentirme tan cerca y segura en un espacio tan nuevo.

En cuanto a propósitos concretos, teníamos tres: 1) Definir el proyecto dándole un nombre y una imagen, 2) Reunirnos semanalmente para meditar y 3) Tomar el curso formal de Perspectivas Budistas para la Juventud del IB, con la intención de actualizar sus contenidos a partir de nuestras reflexiones.

Así que comenzamos con una meditación a la semana, reuniones quincenales dedicadas a comentar cada una de las enseñanzas del curso y paralelamente otras reuniones enfocadas en darle forma al proyecto en sí mismo.
Esta segunda parte de la experiencia fue muy interesante, porque, así como para abrirnos y contactar no necesitamos mucho esfuerzo, crear algo concreto en conjunto presentaba otros retos. Propusimos nombres y logotipos, votamos, propusimos nuevos, volvimos a votar. Había una sensación tan fuerte de no querer dejar la opinión de nadie afuera, que no terminamos por decidir. No hubo confrontaciones, no se sentía nada de hostilidad ni de ganas de imponer, sin embargo, tampoco pudimos aterrizar las ideas en algo concreto. Con todo esto, para mí fue claro que crear comunidades horizontales requiere tiempo, conocimiento y flexibilidad. Al no haber jerarquías, con la intención tan fuerte de cocrear y no dejar ninguna opinión al margen, pasar a la acción puede ser difícil. Finalmente, y de manera muy fluida, entendimos que nos estábamos desgastando al querer definir el proyecto, así que soltamos ese propósito y nos avocamos de lleno al curso.

Las reuniones para revisar las enseñanzas del curso fueron espacios hermosos, de conexión, reflexión y gran compañerismo. El curso abordaba temáticas que son relevantes en cualquier momento de la vida y que te hacen cuestionar todas las construcciones sociales sobre las que está basado nuestro sistema.
Sin embargo, los tiempos han cambiado bastante desde que se creó este primer curso para la juventud. Concordamos y concluimos en que había muchos materiales que podrían actualizarse y que el planteamiento de algunos temas quedaba lejos de la realidad que vive la juventud actual.
El día de la revisión final, Karya nos dice: “Ahora vengo, les tengo una sorpresa”. A los pocos segundos apareció Damcho en pantalla. Fue una verdadera sorpresa, aunque la gran noticia estaba por venir: nos proponía volver a grabar las enseñanzas para este curso, siendo nosotres la audiencia en vivo para estas grabaciones y con un espacio de diálogo al finalizar cada enseñanza.

Así que comenzó un viaje que fue profundamente nutritivo y emocionante. Las enseñanzas tomaban en cuenta los comentarios que habíamos hecho y escrito en las reuniones previas. Los espacios de diálogo fueron charlas transformadoras, de una cercanía y amorosidad que nos permitieron contactar con nuestras vulnerabilidades en un espacio de escucha y completa aceptación. Estas reuniones han sido de los momentos más conmovedores y sinceros de mi vida, les estaré por siempre agradecida a todes mis compañeres, a Karya, Rosalia y Damcho por haberlo hecho posible.
Al finalizar esta serie de encuentros, se nos invitó a ser nosotres quienes creemos un curso nuevo, con dinámicas, materiales y formato actualizado. Hemos tenido varias reuniones de trabajo en las que se fue concretando un equipo dedicado a llevar este proyecto a la realidad y en el que estamos trabajando todavía para poder compartir con toda la comunidad un nuevo curso de Perspectivas Budistas para la Juventud en el último periodo de cursos de este año.

Una vez terminada esta etapa, vino una pausa en las actividades. Se dio de forma natural y me parece que era necesaria ya que fue un año muy intenso en la creación de este proyecto y todo lo vivido juntes. Sin embargo, una nueva inyección de entusiasmo y energía nos era necesaria. El momento para que surgiera esta necesidad fue perfecto: estábamos a un par de meses del retiro de Chile, 2024.

En este retiro pudimos participar tres integrantes de la Sangha Joven formada en 2023 y fuimos con el objetivo claro de hacer crecer el grupo. Así que como en el retiro anterior, nos reunimos las personas más jóvenes a charlar y a compartir con el grupo nuevo sobre el proyecto de la Sangha Joven, sus propósitos y las ganas que teníamos de crecer y retomar los espacios de meditación y reflexión.
Pudimos compartir una comida todes juntes con Damcho y Karya, en la que se vivió un ambiente de frescura y complicidad. Hablamos de nuestros compañeros perrunos y gatunos, de nuestros sentires con respecto a lo que es “ser joven”, sobre gustos cinematográficos y otras cosas que surgieron con una naturalidad de una charla entre viejas amigas.
Una vez terminado el retiro comenzamos a gestionar nuestros encuentros virtuales. Desde entonces hemos tenido tres espacios de reflexión facilitados por diferentes integrantes del grupo. También establecimos un día de meditación grupal, un espacio valiosísimo que sostenemos con compromiso y amor.
Estos encuentros nos han permitido extender el sentido de comunidad que vivimos en el retiro, sabiéndonos conectades con otros seres en una búsqueda similar a la nuestra.

Hoy veo la importancia de que todas las personas puedan unirse o crearse grupos como este, horizontales, autogestivos y con la intención de acompañarse en las complejidades de la vida y la búsqueda de sentido. Saber que hay otras personas con inquietudes similares a las nuestras, con ganas de vivir desde el amor y la conexión, enfrentando obstáculos como los nuestros, nos impulsa a seguir intentándolo y a regocijarnos en el mero hecho de tener la intención de hacerlo.

Quisiera compartirles para cerrar, a propósito de “la juventud”, que hace poco estuve viendo las enseñanzas de Damcho sobre el Sanghata Sutra y me encontré con una serie de reflexiones muy interesantes al respecto.
La juventud, como todo en la vida, es relativo. Relativo al punto desde el que nos paramos y en qué dirección miramos: cuando vemos hacia el pasado, somos viejas con experiencias para contemplar, analizar y de las cuales aprender. Cuando miramos hacia el futuro somos jóvenes, que proyectamos una dirección, el anhelo de andar por cierto camino y cumplir ciertas metas.
La juventud y la vejez son relativas a la actitud con la que encaramos las situaciones, y sin desvirtuar la gran sabiduría que se cultiva a través de las experiencias vividas, la apertura a crear nuevas perspectivas, tener nuevos aprendizajes y usar como brújula la curiosidad, creo que son fuentes de auténtico crecimiento y felicidad.

La Sangha Joven ha sido para mí la entrada a un mundo nuevo.

Gracias a todes. Nos seguimos leyendo y encontrando en el camino.

Reseña Biográfica

Soy Gabi, mujer mexicana de 35 años. Estudié la licenciatura en Psicología, una maestría en Apreciación y Creación Literaria y dos diplomados formales en Historia de la Filosofía. Actualmente me dedico a la psicoterapia y a dar cursos y talleres, en los que, integrando conocimientos de psicología, existencialismo, ecofeminismo y budismo, busco generar espacios seguros para el aprendizaje y reflexión profunda. Hace 10 años comencé el camino de la práctica budista, al inicio de manera autodidacta, hasta que conocí y me integré a la Comunidad Dharmadatta, estudiando varios cursos en el Instituto Budadharma.
En este camino he encontrado herramientas de autoconocimiento y crecimiento que me han ayudado a construir una vida de tranquilidad y alegría