Flechas que disparan de verdad

Si sumamos el tiempo que cada miembro de nuestra comunidad ha vivido como monja sumamos ya más de 30 años. Durante ese tiempo hemos encontrado muchas razones por las cuales la vida monástica tiene sentido para nosotras en este momento histórico y para cada una de manera personal. En realidad, seguimos descubriendo nuevas razones con cada año que pasa mientras vivimos de acuerdo con nuestros votos.

Jetsunma Tenzin Palmo, nacida en Inglaterra y monja durante más de 40 años, respondió así a un grupo de estudiantes de California que le preguntó si el monasticismo realmente les ofrece algo a los occidentales:

“Una de las cosas que en verdad podemos ofrecer como monjas y monjes es la prueba fehaciente de que es posible vivir con muy poco y sin tratar de acumular más, sino en realidad ir dejando cada vez más objetos de apego.

“Las monjas y monjes viven felices en celibato. Se satisfacen con muy poco, no se embriagan y quizá llevan una dieta vegetariana. Al vivir con sencillez demuestran que pueden ser muy felices así. Ése es el mensaje que los occidentales hemos olvidado, y necesitamos ver ejemplos vivos para reconocerlo.

“Para poner un ejemplo, hace poco un grupo de monjas budistas en el Reino Unido dejaron su comunidad y se mudaron a California. No estaban seguras de cómo las recibirían y, sin embargo, las acogieron con gran entusiasmo. Ellas llevan una vida ascética en medio de una gran abundancia. Su vida es de verdad muy sencilla. Basta con mirar lo radiantes que se ven para saber que se encuentran felices y contentas. A algunas personas el modo en que ellas viven puede parecerles de una terrible privación, pero ellas no sienten en absoluto que se priven de algo, pues tienen una gran riqueza interior y la alegría les mana desde dentro. Creo que esto es algo que la sangha monástica puede ofrecer en el Occidente, ya excesivamente saciado.

“Idealmente, las monjas y monjes en general no están atrapados por su carrera o sus relaciones personales. Como no los atan las demandas de un lugar de trabajo o de una relación cercana exclusiva, cuentan con tiempo y energía, la energía emocional necesaria para dedicarse por entero al estudio y a la práctica, y a convertirse en la genuina personificación del Dharma. Eso necesitamos. Nos hacen falta personas para las que el Dharma sea el centro total de su vida. Eso es lo que Occidente requiere, porque ya tenemos una gran cantidad de intelectuales, de brillantes eruditos, pero no tenemos muchos practicantes comprometidos por completo. No hay tanta gente dispuesta a dedicarle toda su vida al Dharma. Hay algunos, pero necesitamos más. Eso es lo que la sangha puede ofrecer en Occidente.

“Un rey llamado Mahindra le dijo al monje budista Nagasena: ‘Tengo fe en el Dharma del Buda, estudio los sutras y practico meditación. ¿Cuál es entonces la diferencia entre un monje y yo?’.

“Nagasena respondió: ‘Imagine que tiene una diana, un arco y una flecha, y que la flecha está adornada con muchas guirnaldas, detalles y flores. Cuando dispare esa flecha no llegará a dar en la diana. Como está muy pesada se desviará y terminará cayendo al suelo antes de llegar a su objetivo. Sin embargo si tiene una flecha, muy elegante pero que no vaya cargada con adornos, cuya única decoración sea su brillo natural, cuando la dispare dará directo en el blanco’.

“Ésa es la diferencia entre la vida del laico y la del monje. La vida monástica no está atada a todos los elementos que comprometen la vida del laico, tal como las relaciones, ganar dinero y tener que ser exitoso. Éstas y muchas otras distracciones, como los juegos de computadora, la televisión y otros entretenimientos les impiden a los laicos disparar directamente a su objetivo”.

“Que la dulce fragancia de mantener la ética de nuestros votos

dé origen a nubes aromáticas que llenen los cielos de este mundo,

como ofrendas para los budas, el Dharma y la sangha.

Que esta ofrenda traiga una alegría ilimitada a la mente de nuestro gurú.

Entonces, que las ondeantes nubes de nuestra virtud

regresen a la tierra y cumplan con su propósito,

como si fueran lluvia deleitando el corazón de todos los seres.

Que la bondad se vea incrementada en todos los sentidos”.